Cómo llegarA cargo de Emilia Redolar , docente de Neurociencia. Actualmente dirige el grado de Psicología de la UOC.
Leer no es una actividad natural que se desarrolle de manera innata o a través del contagio social o cultural. Es una invención reciente de la humanidad. Aprender a leer no es innato; hay que aprender de manera voluntaria y consciente (con esfuerzo). Esta capacidad va ligada a habilidades como la flexibilidad, la creatividad y la abstracción. El sistema nervioso no tiene zonas específicas que la selección natural haya optimizado durante la evolución para hacer esta tarea, dado que es una actividad demasiada nueva. Para aprender a leer, el cerebro necesita modificar y utilizar redes neuronales que, de manera innata, se usan para otras funciones sensoriales y cognitivas, entre las cuales hay el habla y muchas otras funciones. Eso se produce gracias a los mecanismos de plasticidad cerebral. En este contexto, cada vez son más las evidencias que ponen de manifiesto que la lectura, en más de permitirnos acceder al conocimiento, también favorece nuestro desarrollo y funcionamiento cognitivo, potenciando el funcionamiento correcto de las redes neurales implicadas en la capacidad de comunicación, la regulación emocional, la atención, el aprendizaje y memoria, el control cognitivo, el pensamiento crítico, la creatividad y el pensamiento ausente.
Por otra parte, la IA puede influir sobre el funcionamiento del sistema nervioso. Estudios recientes que han utilizado técnicas de neuroimatge ponen de manifiesto que la utilización de los chatBoots de IA para buscar información, en comparación con el uso de las páginas web o la utilización de libros, hace que el funcionamiento cerebral se vea menoscabado: una menor conectividad funcional y un desequilibrio en las bandas de patrones de actividad alfa, theta y delta, que afectan al proceso semántico. ¿La lectura podría reducir el impacto negativo de la utilización de la IA?
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