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| 18 de febrero | 19:00 |
«Hay un fusilado que vive», esta frase oída en finales de 1956 en un café de La Plata puso en Rodolfo Walsh tras la pista de un oscuro asunto de Estado que le cambiaría la vida. En junio de ese año, un fallido intento revolucionario contra el régimen militar que había destituido en Perón un año antas desencadenó una operación clandestina para eliminar a los opositoras en el régimen. En un basurero de laso afueras de la capital, un grupo de civiles fueron fusilados antas incluso de decretarse la ley marcial. Durante semanas corrió el rumor de que alguno de ellos había sobrevivido. Walsh hiedo localizar en uno de esos supuestos supervivientes y tras escuchar su testimonio comenzó una arriesgada y obsesiva investigación que desmentiría la versión oficial sobre los hechos y documentó uno caso de terrorismo de Estado. El fruto de estos trabajos se publicaría miedo entregas en el diario Mayoría y muy poco después, en 1957, como libro.
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